domingo, 27 de noviembre de 2016

 

A todos los vecinos del Val Miñor,

Os recuerdo que el próximo martes 29 de noviembre, a las 20;30 hs da comienzo un nuevo 
Ciclo de Diálogos Filosóficos  

Te esperamos en A Ramallosa (Avda. Portugal, 35, Frente a Plaza de Abastos)



                                                                                        




lunes, 23 de mayo de 2016


El sabio desnuda la verdad. El filósofo sin sabiduría la recubre, la empapela con palabras. (Cavallé, Mónica, La sabiduría recobrada: filosofía como terapia)

En nuestro imaginario la figura del filósofo antiguo está ligada al hombre sabio, pero la filosofía ha ido separándose del amor a la sabiduría para darle protagonismo a la razón discursiva y a su potencial especulativo.

Sin embargo, los seres humanos seguimos necesitando referentes de sabiduría, intuiciones con las que resonar, fuentes de luz que alumbren nuestra inquietud por el conocimiento de la realidad y que nos sirvan de inspiración cuando nos apremian las cuestiones más radicales de nuestra vida.

Únete a nosotros en el que será nuestro último Café filosófico de la temporada 2015-2016 (nos despedimos hasta septiembre). Os espero

miércoles, 11 de mayo de 2016



El pasado Café filosófico dialogamos sobre la autenticidad. Para introducir el tema leímos algún pequeño comentario de Carl Rogers y de Heidegger sobre la congruencia y la vida auténtica.  Y las palabras del filósofo alemán, acerca de la existencia inauténtica, de la impersonalización del "yo" (yo pienso, yo deseo, yo quiero) en favor del "se" (se piensa, se desea, se hace) dieron lugar a las primeras intervenciones.

- Reprimimos lo que somos por estar en sociedad. El "yo" se sacrifica en beneficio del "se", es decir, en beneficio de la integración social.

La primera cuestión que surgió, como veis, fue la de la compatibilidad o dificultad en la construcción y expresión de la propia autenticidad en el mundo de nuestras relaciones sociales. Y expresamos con nuestras voces la diversidad en nuestro modo de valorar esta relación

-La autenticidad con uno mismo no está reñida con vivir en sociedad. Nos podemos adaptar al entorno. Se puede ser auténtico y reprimirse porque valoro mi mundo de relaciones.

- Se pueden aceptar otras costumbres sin dejar de ser uno mismo. Por ejemplo, si viajamos a Kabul puedo aceptar temporalmente normas que no comparto sin perder coherencia


- Estoy en contra del "borreguismo" y a favor de la "oveja negra". Se puede ser uno mismo siempre, mostrándolo desde la apariencia exterior hasta todo lo demás.

- Es más importante el "se" que el "yo". El "yo" tiene tendencia antisocial 

Después, continuamos conversando acerca de la relación que tiene la autenticidad con la expresión del propio pensamiento:


- No decir lo que uno piensa no es necesariamente inauténtico

- ¿Y qué tiene de malo decir lo que uno piensa?


- No se es auténtico cuando se habla con palabras o ideas de otro

- Y pusimos sobre el tapete preguntas, lanzadas como flechas, que cuestionaron de forma directa la autenticidad real (no la teórica) de la vida de cada uno de los que estábamos allí

En realidad, ¿Quiénes de los que estamos aquí podemos decir que vivimos auténticamente? 

                    ¿Quién tiene el trabajo que quiere? 
¿Quién tiene la pareja que quiere? ...
(Y, entonces, como se suele decir, "pasó un ángel")

- A veces, no se puede tener el trabajo que uno quiere y tiene que aceptar otro, aunque se odie trabajar en él.


Entonces, ¿Con qué tendría que ver exactamente la autenticidad?


- El primer rasgo de la autenticidad es reconocer uno lo que está sucediendo. Reconocer lo que siento y quiero.

- Requiere un profundizar

- Requiere reconocer lo que siento y quiero, saber cuáles son  mis valores. El problema es que la sociedad me lleve a hacer cosas que vayan contra lo más propio. Eso colisionaría con la autenticidad.

- Lo importante es ser consciente de lo que debo ser. Para ser auténtico no necesito contrastarme con mi entorno.

- La autenticidad es un proceso. Se puede ser auténtico y cambiar de creencias.


- Ser auténtico es ser fiel a lo que uno piensa 

- La autenticidad es carencia de artificio (no hacer teatro). Tiene que ver con la veracidad y la honestidad con uno mismo y con los otros. Tiene que ver con la credibilidad. 

- La autenticidad tiene dos planos: uno ético y otro que tiene que ver con el conocimiento de uno mismo. Para ser auténtico hay que tener una edad (Y nos preguntamos sobre ello también, y surgieron valoraciones distintas: los niños también pueden ser auténticos, en realidad cuando nacemos somos pura autenticidad...)

- Hay que encontrar el valor o los valores que lo definen a uno y después defenderlos por encima de todo. La persona se hace auténtica si los defiende a toda costa

- Es algo que se percibe. Cuando hablo con alguien sé si es auténtico 

- Primero tendré que saber quién soy para saber si soy auténtico

Y continuamos y seguimos haciéndonos nuevas preguntas: ¿Para poder decir que uno es auténtico debe mantener su coherencia siempre? ¿Qué ocurre si en alguna ocasión traicionamos nuestra autenticidad?

- Una incoherencia puede hundir una vida de autenticidad.


- Gandi, en una ocasión se defendió de forma violenta... ¿Podíamos decir que aquel acto traicionó su incondicional defensa de la no violencia? ¿Dejó de ser auténtico por ello?

- En realidad, la autenticidad es un valor y, como tal, es un valor a alcanzar

Como veis, fue un diálogo plural construido con las aportaciones y las voces de todos los que estábamos presentes allí. El tema, interesante, donde los haya, nos apela a todos.
Al finalizar el diálogo, tomamos café, chocolate caliente, refrescos y un rico bizcocho artesano en la estupenda terraza en la que Nieves había preparado todo para nosotros. Y seguimos conversando de forma desenfadada y disfrutando entre amigos...  Gracias sinceras a todos por vuestra honestidad y vuestro generoso compartir. 

Os esperamos el último domingo de Mayo (día 29). Será el último Café filosófico del que disfrutaremos hasta la nueva temporada de otoño. 
Aún estoy pensando el tema...










jueves, 21 de abril de 2016

Convocatoria Café filosófico Abril 2016




En nuestro próximo Café filosófico hablaremos de la autenticidad. Nos acompañarán algunas de las reflexiones de Carl Rogers y de M. Heidegger, pero los protagonistas seguirán siendo las voces de todos los que el DOMINGO, 24 de abril nos sintamos convocados a participar de este nuevo encuentro. 

El tema no puede ser más interesante: la autenticidad con la que nos vivimos y vivimos nuestra vida.

Y para que vayamos aproximándonos al tema, planteo algunas preguntas para que podamos ir testando algunos aspectos acerca de nuestra autenticidad:


¿Hay armonía en mi vida entre lo que siento, digo y hago? (O, por el contrario, siento una cosa, hago otra y digo algo distinto)
¿Soy capaz de estar siempre abierto a mi flujo de experiencias internas -a mi sentir y sus señales corporales- aunque puedan socavar la idea que tengo de mí mismo?
¿Me preocupa lo que los demás piensen de mí?
¿Me atrevo a exteriorizar mi yo real?
¿Vivo la vida que quiero vivir realmente?

No lo olvides: el próximo domingo 24 de abril, te esperamos en el Mercado de la Tía Ni (Julián Valverde, 36 Sabarís) a las 18:00 hs. Dialogaremos sobre la autenticidad y celebraremos el primer cumpleaños de los Cafés Filosóficos del Val Miñor.

No faltes: sin ti no será lo mismo


















domingo, 17 de abril de 2016

Los Cafés filosóficos celebran su primer aniversario



El próximo domingo 24 de abril, nos reuniremos de nuevo en el Mercado de la Tía Ni (Sabarís) para celebrar un nuevo Café filosófico. En esta ocasión dialogaremos acerca de La Autenticidad.

Hace un año que esta iniciativa comenzó. Así explicábamos en nuestra primera convocatoria de qué se trataba esto del Café filosófico:


No se trata de una clase de filosofía, ni de un debate entre posturas enfrentadas, sino de construir un diálogo entre todos los participantes, sobre la base de la escucha, la honestidad de nuestras reflexiones, el respeto hacia las comprensiones de los otros y el afán por poner a prueba y someter a crítica el sistema de creencias que conforman nuestras filosofías de vida.

A lo largo de este año hemos abordado muchos temas: la felicidad, la muerte, la conciencia, la culpa, las emociones... Nos hemos encontrado regularmente los últimos domingos de cada mes en la mágica y acogedora casa del Mercado de la Tía Ni, en la que Nieves siempre ha dado el máximo por crear el espacio más cálido y acogedor posible para nuestros encuentros. Gracias por tu apertura, por tu compromiso y por tu confianza, Nieves.


Me siento satisfecha y agradecida por el interés y la respuesta que esta iniciativa ha despertado en el Val Miñor y sobre todo por la calidad humana de los asistentes que hacen posible la continuidad de este espacio. Entre todos, hemos generado diálogos respetuosos, honestos y comprometidos. Nos hemos hecho preguntas, hemos enriquecido nuestras visiones particulares y hemos disfrutado de la alegría de un compartir amistoso. Las preguntas, el interés por la verdad, la escucha, el diálogo honesto y la filía han sido los ingredientes protagonistas de nuestros enriquecedores encuentros. 

El domingo 24 de abril soplaremos la primera vela de los Cafés filosóficos del Val Miñor. No faltes: sin ti, no será lo mismo.


jueves, 31 de marzo de 2016

Café filosófico de Marzo: un verdadero goce



Comparto con todos vosotros algunos apuntes de la celebración de nuestro Café filosófico de Marzo.

Las primeras preguntas que me surgían de camino al Mercado de la Tía Ni, tenían que ver con el número de asistentes. Era domingo de Semana Santa y eso no sabía cómo podría afectar a la convocatoria (algunas personas me habían comunicado su imposibilidad de asistir). Pero me encanta (sobre todo cuando el resultado me agrada) que la vida me demuestre, una y otra vez, que las cosas fluyen de un modo que no siempre podemos prever o controlar.

Muchas gracias a la veintena de personas que os acercasteis el pasado domingo al Mercado de la Tía Ni y que compartisteis de un modo tan generoso vuestras experiencias y vuestras reflexiones acerca de Las Emociones (el tema que nos había convocado). Gracias por hacer posible una tarde de domingo diferente entre amigos y por contribuir al diálogo filosófico que se generó. Quedaron abiertas muchas preguntas, seguramente más de las que se contestaron. Pero eso, siempre es una buena señal en filosofía. 

A todas las personas de Vigo, Nigrán, Sabarís, Gondomar... Gracias por dejar constancia una vez más de que la filosofía sigue viva más allá de los ámbitos en los que últimamente había quedado relegada y por demostrar que su inquietud aún nos mueve.

Eramos muchos y muchas las ganas de participar y compartir. Y uno de los primeros tema que surgió fue el de la diferencia entre el mundo de las emociones en los animales y en los seres humanos:

- Hay una diferencia, tanto cualitativa como cuantitativa en el modo de sentirlas y de vivirlas, dijimos.
- Quizás no sea tan grande la diferencia, compartimos también...
- Nosotros controlamos más las emociones, los animales no las controlan... (todo un tema...)

Pero, ¿Qué son las emociones?

- Nosotros somos emociones; 
- son una cualidad del ser humano; 
- son un estado de plenitud; 
- son oxígeno; 
- forman parte del latido continuo de la vida; 
- todo es emoción...

En cada uno una experiencia distinta, para cada uno un concepto diferente.

Entre los seres humanos también hay diferencias, compartimos. Por ejemplo, ¿Tiene emociones un psicópata?
- La psicopatología es una disfunción de las emociones... (un asunto demasiado complejo para nuestro diálogo; merecería un intercambio profundo y amplio)

Y pasamos a un tema que no podía dejar de salir a la luz: La relación razón/emoción: 
¿Podemos controlar nuestras emociones?

- No están relacionadas: sentimos cosas que no queremos sentir y no lo podemos manejar con la razón
- La emoción es incontrolable
- La razón puede controlar la emoción
- A través del trabajo personal yo puedo elegir mis emociones.

Controlables, incontrolables, las puedo elegir...

De nuevo, distintas experiencias, distintas interpretaciones, diferentes comprensiones.

Entonces, ¿Cómo podemos manejar nuestras emociones?

- Primero hay que reconocerlas y después vivirlas
- Lo que sentimos tiene que ver con la historia de cada uno
- El problema está en que juzgamos las emociones y las clasificamos en "buenas" o "malas"
- Nuestro instinto nos hace huir del dolor y nos negamos a vivir las emociones que juzgamos como "negativas".
- Es distinto manejar las emociones, controlar las emociones y reprimir las emociones.
- Reprimir las emociones puede llevarnos a la enfermedad.

Pero, en realidad, entonces ¿Para qué nos sirven las emociones?

- Como camino de crecimiento personal
- Como motor en la vida: las que me mueven en un sentido u otro.
...

Y nuestro último planteamiento surgió a propósito de la educación emocional:

- No existe
- Es insuficiente
- Está avanzando...
- Pero yo me pregunto: y ... ¿quiénes van a ser los educadores?  (Como diría un argentino: Flor de pregunta, sí señor)

Esto es sólo un brevísimo apunte de algunos de los temas que salieron a la luz. La riqueza de las experiencias, el respeto y la escucha sostuvieron las dos horas de nuestro encuentro, un encuentro estimulante, íntimo y plural (hombres, mujeres, jóvenes, no tan jóvenes, solteros, casados, divorciados, padres, futuros padres, trabajadores, jubilados, estudiantes...). Fue un diálogo amistoso, respetuoso y muy muy interesante y entrañable.

Las ganas de compartir eran tantas que no encontré el momento para aportar algunas de las notas y pequeños textos de filosofía que había seleccionado a propósito de nuestro tema. Pero, otra vez será... Los protagonistas siempre sois vosotros.

Os esperamos el último domingo de abril para seguir haciendo que la filosofía siga viva, a través de la práctica de la reflexión, el diálogo, el pensamiento crítico, el autoconocimiento  y las preguntas que nos conciernen a todos como seres humanos.

Nieves, gracias por posibilitar este espacio y por tu enorme generosidad. El chocolate, de chuparse los dedos, como siempre. Qué sería del Val Miñor sin ti... Te queremos















martes, 22 de marzo de 2016

¿Cuáles son las reglas de tu juego de vida?

¿LA VIDA UN JUEGO?


Esta tarde, leyendo la página web de Ran Lahav (un reconocido filósofo práctico), me encontré con una reflexión tan clara y lúcida que me he visto tentada a reproducirla de forma comentada y sintética para que pueda llegar a todos los lectores de esta revista.
Ran Lahav intenta hacernos comprender, utilizando la analogía del juego, la facilidad que tenemos los seres humanos para identificarnos con distintos juegos: familiares, sociales, psicológicos, religiosos o  intelectuales. Aunque estos juegos nos sirven para alcanzar ciertos objetivos, el peligro de jugarlos de forma inconsciente durante un largo periodo de tiempo, estaría en la limitación a la que someten nuestra vida, en vivir en la estrechez de la caverna que configuramos a partir de sus reglas y normas, sin siquiera tener conciencia de la realidad que hay fuera de ella.
Cuando jugamos un juego y nos sumergimos en él, dice Ran Lahav, vivimos como si durante ese tiempo, la realidad del juego fuera nuestra realidad. Nos identificamos a tal punto con sus reglas, normas y objetivos que olvidamos por momentos la realidad más amplia de nuestras vidas, aunque mantengamos una leve consciencia de su existencia. Ran Lahav ejemplifica esta idea con una partida de ajedrez en la que mis figuras son las blancas:
                Cuando estoy absorto en el juego, ellas son el centro de mis esperanzas, de mis pensamientos, de mis arrepentimientos, de mis alegrías. Cuando tu reina negra se come a mi alfil blanco, siento un dolor muy real. Las acciones de las piezas blancas son mis acciones. Yo me muevo a través de ellas, me vengo, ataco, triunfo, vivo. Porque yo soy ellas. Durante la duración del juego, los 64 cuadrados negros y blancos son mi mundo.
                En este sentido, jugar un juego, dice Ran Lahav, se parece a ver una película o leer una novela. Si logro identificarme completamente con sus personajes, “me como las uñas cuando atacan al héroe y suspiro aliviado cuando es rescatado. Me identifico con el protagonista, con sus preocupaciones, temores y esperanzas.”
                El asombroso poder de los juegos, advierte R.L., proviene de la capacidad de identificarme con reglas imaginarias y objetivos imaginarios como si fuesen reales. Nos identificamos con situaciones ficticias y sacamos a la realidad "real"  fuera de nuestra conciencia.
                Los juegos tienen reglas que limitan el comportamiento de los jugadores. Por ejemplo, si juego al fútbol no podré tocar la pelota con la mano, pero si juego al baloncesto no podré tocarla con el pie. Al igual que en los juegos, señala Ran Lahav, nuestra vida también está movida por reglas, como las que rigen nuestro mundo físico, psicológico y social.
                En la medida en la que me identifico con determinada forma de ser, objetivos que alcanzar o cualidades que desarrollar, mi vida pasa a desenvolverse en función de esas pautas del juego que me he o, en el peor de los casos, me han impuesto (mis condicionamientos externos). Si juego a “ser atractivo/a”, por ejemplo, gran parte de las acciones de mi vida se ajustarán a todas aquellas normas y reglas que vengan impuestas por el juego de “ser atractivo”. Pasaría lo mismo con el juego de “hacerme rico”, “ser filo-sofo”, o cualquier otro juego con el que nos hayamos identificado.
El problema,  señala R. Lahav, es que a partir de ese momento, los estándares de mi vida estarán limitados por las normas autoimpuestas de mi juego y mi vida se verá automáticamente restringida a ellos. Jugar juegos, dice Ran L., es confinarme a mí mismo a una realidad imaginaria muy estrecha.
Del mismo modo que hay juegos de mesa y juegos al aire libre, también hay juegos personales y sociales, incluso juegos de pensamiento, señala nuestro filósofo práctico, como “soy existencialista”, “soy materialista”, “soy progresista”, etc.
Si entro a los juegos sin darme cuenta, si me pierdo en ellos por largos períodos de tiempo, entonces, advierte Ran Lahav, no vivo plenamente mi vida.

                Somos asombrosamente "buenos" en perdernos en reglas y objetivos ficticios, continúa explicando Ran Lahav, y nos muestra algunos ejemplos: los niños israelíes aprenden rápidamente las reglas de la identidad israelí y los niños árabes aprenden rápidamente las reglas de la identidad árabe. Los americanos aclaman a sus equipos de basquet, los italianos aclaman a su equipo de fútbol italiano. El pobre campesino africano sueña con su campo lleno de árboles de plátano, mientras que el filósofo americano sueña con volverse famoso (¡famoso entre otros intelectuales!)

Somos muy buenos en restringir nuestros pensamientos, nuestras emociones, aspiraciones y comportamiento a un ámbito muy limitado de la realidad humana.

A pesar de todos estos peligros, parece que no todo parece perdido. Pues, tal y como lo expresa el propio Lahav:

El jugador de ajedrez tiene una vaga conciencia de que está jugando, y esa realidad es más amplia que el tablero de ajedrez. Una señora adinerada en una fiesta de alta sociedad puede actuar y sentir de acuerdo a las normas sociales y sin embargo algo en el fondo de su mente le puede estar susurrando que está actuando.

No estoy totalmente encarcelado en mis juegos. Incluso cuando me veo forzado a jugar las reglas de mi sociedad y de mi psicología, no necesito identificarme plenamente con éstas y restringir mi existencia a ellas. Incluso cuando me encuentro a mí mismo controlado por mis hábitos u obsesiones o temores, puedo darme cuenta de que mi realidad es mucho más grande que estos juegos.    

La psicología moderna ha desarrollado modos de ayudar a la gente a darse cuenta de sus juegos psicológicos ("patrones emocionales","defensas", "represiones", etc.) y de ir más allá de ellos. Pero esta tarea, por más importante que pueda ser, todavía sigue siendo muy limitada. Porque ir más allá de los juegos psicológicos no es todavía ir más allá de una prisión más fundamental todavía, esto es, la prisión conceptual - los juegos de nuestro entendimiento: las reglas y objetivos que seguimos construyendo las coordenadas básicas de nuestro mundo.
           
Y el propio R. Lahav se cuestiona:
¿Es posible acaso que lleguemos a ser conscientes de estos juegos más fundamentales o de ir más allá de nuestra concepción normal de la realidad? ¿Existe alguna manera de trascender nuestros modos usuales de comprensión, que son los que forman nuestro mundo?
                Esto sería una tremenda tarea. Es difícil pensar en una aspiración más ambiciosa. Y sin embargo, me parece que no es del todo imposible. Por supuesto como ser humano no puedo ser libre de todo tipo de ataduras. No puedo deshacerme de todos mis patrones cognoscitivos y culturales. Pero el punto es que no necesito identificarme con ellos. No necesito limitar mi conciencia a determinados juegos intelectuales. Puedo "escuchar" a una conciencia más amplia de una realidad más grande. Puedo contemplar más allá de mis limitaciones.


Si esto es realmente posible, si puedo ser más grande que mis juegos y puedo estar en contacto con un ámbito más amplio de la existencia humana, entonces esto parece ser una tarea apropiada para la filo-sofía. Porque, para usar las imágenes de Platón, el objetivo del filó-sofo es salir de la estrecha caverna hacia un mundo más amplio.